Pocas combinaciones caseras tienen tanta fama como el ajo con miel. Durante generaciones ambos ingredientes se han utilizado en la cocina y en preparaciones tradicionales, y actualmente las redes sociales les atribuyen beneficios para las defensas, la circulación, la presión, las infecciones e incluso la energía.
Pero que dos alimentos contengan sustancias interesantes no significa que al mezclarlos aparezca un medicamento capaz de tratar numerosas enfermedades.
¿Qué aporta realmente el ajo?
Cuando el ajo se corta o machaca se producen diferentes compuestos azufrados. Entre ellos se encuentran sustancias relacionadas con la formación de alicina, uno de los componentes más estudiados del ajo.
Por esta razón existe investigación sobre el ajo y diferentes aspectos de la salud cardiovascular y metabólica.
Sin embargo, hay una diferencia importante entre encontrar actividad biológica en determinados estudios y afirmar que comer dientes de ajo cura una enfermedad.
El ajo tampoco “destapa” las arterias ni elimina por sí mismo las placas de colesterol acumuladas.
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La miel contiene diferentes compuestos vegetales y se utiliza tradicionalmente para aliviar determinadas molestias de garganta.
Pero nutricionalmente continúa siendo una fuente importante de azúcares y carbohidratos.
Este detalle es especialmente relevante para las personas con diabetes.
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Cebolla roja y próstata después de los 70: lo que puede aportar y lo que ninguna receta logra en una nocheAñadir miel a una preparación no hace que sus azúcares desaparezcan por ser un producto natural. Utilizar varias cucharadas diariamente puede aumentar considerablemente los carbohidratos consumidos.
¿La combinación es más poderosa que los ingredientes separados?
No necesariamente.
Existe la idea de que dejar varios dientes de ajo sumergidos en miel durante días crea una especie de medicamento mucho más potente.
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Mezclar dos ingredientes saludables no multiplica automáticamente sus propiedades medicinales.
¿Puede combatir infecciones?
Esta afirmación necesita contexto.
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Pero un resultado observado en un laboratorio no significa que comer ajo con miel pueda eliminar una infección dentro del organismo.
Una infección bacteriana que necesita tratamiento no debería dejarse evolucionar mientras se intenta resolver únicamente con esta preparación.
¿Sirve para la circulación y la presión?
El ajo ha sido estudiado por sus posibles efectos cardiovasculares, incluidos cambios modestos en determinados parámetros en algunos estudios.
Esto puede resultar interesante dentro de una alimentación saludable, pero no convierte al ajo con miel en sustituto de los medicamentos para la presión arterial.
Mucho menos puede afirmarse que esta mezcla “limpie” las arterias.
La salud vascular depende de numerosos factores, incluidos presión arterial, colesterol, glucosa, actividad física, alimentación y tabaquismo.
¿Más ajo significa mayores beneficios?
Tampoco.
Consumir cantidades elevadas de ajo crudo puede provocar ardor, molestias digestivas o empeorar el reflujo en algunas personas. Los suplementos y extractos concentrados requieren todavía más precaución, especialmente cuando se utilizan determinados medicamentos.
Por eso no existe necesidad de consumir cantidades extremas buscando resultados rápidos.
Un alimento, no una cura universal
Ajo y miel pueden formar parte de la alimentación y de preparaciones tradicionales. Incluso pueden resultar agradables juntos para algunas personas.
Pero es más razonable considerarlos alimentos con componentes interesantes que un “santo remedio”.
No eliminan todas las infecciones, no limpian las arterias, no sustituyen los tratamientos para diabetes o hipertensión y no necesitan atribuirse propiedades milagrosas para formar parte de una dieta equilibrada.
